Marina Núñez recibe en «Terra ignota», en el Museo de Palencia, más de 5000 visitantes.
Marina Núñez presenta en el Museo de Palencia «Terra ignota», una exposición de arte digital comisariada por Pedro Gallego de Lerma, con dos obras nuevas creadas para la sala del mosaico romano de Océano y las Nereidas, del siglo IV. Puede verse hasta el 4 de abril de 2027.
Marina Núñez dibuja con fracturas. En las esferas de cristal de la serie «Cosmos» (2025), que abren la sala temporal del Museo de Palencia, un láser enfocado en el interior del vidrio ha abierto miles de grietas microscópicas, cada una del tamaño de un punto, y la luz de la base las enciende hasta que aparece un rostro humano disuelto en burbujas. La técnica, llamada grabado láser subsuperficial, se usa en el comercio para fijar fotografías en bloques de cristal. En manos de Núñez se vuelve una declaración. La imagen existe porque el material se ha roto por dentro, y el rostro que vemos es literalmente la suma de sus heridas. Pocas veces una técnica dice con tanta exactitud lo mismo que la obra quiere decir.
MARINA NÚÑEZ Y EL CUERPO QUE SE ABRE AL MUNDO
Marina Núñez lleva más de treinta años pintando, y después modelando en el ordenador, cuerpos que no caben en su forma. En 1997 presentó en el Espacio Uno del Museo Reina Sofía su serie «La locura», mujeres convulsas inspiradas en la iconografía de la histeria que Jean-Martin Charcot reunió en la Salpêtrière de París. Desde comienzos de este siglo fue dejando los pinceles por las herramientas digitales, y sus mujeres se convirtieron en cíborgs, en la estela del «Manifiesto para cyborgs» que Donna Haraway publicó en 1985 en la Socialist Review. Isabel Tejeda, profesora de la Universidad de Murcia, analizó en 2011 en la revista Icono 14 cómo esas figuras oscilan entre la utopía y la distopía. Desde entonces la piel ha ido perdiendo su función de frontera. Juan Alberto Vich lo resumió en la revista AusArt, de la Universidad del País Vasco, a propósito de la exposición «Sin piel» de 2021: «Sin piel, sólo existe un continuo con el exterior».
Las herramientas de Marina Núñez son los programas de modelado y animación en tres dimensiones, del mismo tipo que los que emplean el cine y los videojuegos, como explicó Nieves Acedo en 2017 en la revista Naturaleza y Libertad. En 2023, para «Nada es tan profundo como la piel», en el Museo Lázaro Galdiano, incorporó por primera vez la inteligencia artificial en algunos detalles, según el catálogo de la muestra. Desde entonces su papel ha crecido: en 2024 llevó a ARCO «Botánica», con plantas y flores generadas con inteligencia artificial, y comparó esa herramienta con tener «un equipo de treinta personas»; en «Tantos mundos en este» (2025) combinó el programa de animación Houdini con Midjourney, según el dosier de la Fundación Ciudad de la Energía. Lo excepcional está en el uso. La propia artista contó en 2019, a propósito de sus imágenes fractales, que ella no inventa las ecuaciones del programa y se limita a combinarlas, con la misma humildad del pintor que no fabrica el azul ultramar y decide dónde ponerlo. Esa disciplina separa su trabajo de tanta imagen digital que deslumbra un minuto y se olvida al siguiente: sus figuras obedecen a una gramática sostenida durante tres décadas y por eso resisten la mirada lenta que pide un museo.
«TERRA IGNOTA»: 45 BALDOSAS DIGITALES JUNTO AL MOSAICO DE DUEÑAS
«Terra ignota. Océano y las Nereidas» (2026), la obra que da título a la exposición, cubre el suelo de la sala inferior del museo con 45 baldosas cerámicas de 60 por 60 centímetros impresas con imagen digital. Un perímetro de oleaje encierra un interior de vegetación submarina, ciudades de aspecto futuro y rostros de la mitología griega ligados a Océano; en algunas piezas asoman bajo el agua restos de muros, como la planta de una villa romana inundada. El título procede de la cartografía antigua. La expresión terra ignota, que se atribuye a la «Geografía» de Ptolomeo, hacia el año 150, señalaba en los mapas las regiones que nadie había medido, y para los griegos lo desconocido estaba en los bordes, allí donde corría Océano, el río que rodeaba la tierra y al que la «Ilíada» llama en su canto XIV origen de los dioses. Núñez traslada lo desconocido de los márgenes al centro del suelo, bajo los pies del visitante, y en esa inversión está la idea más afortunada de la exposición.
El mosaico de Océano y las Nereidas, a pocos pasos, explica por qué la obra de Núñez funciona tan bien en esta sala. Pedro de Palol, que lo estudió tras la primera campaña de excavación, entre 1962 y 1963, lo situó en el tepidario de las termas de la villa Possidica, la sala templada del baño, como un panel de 5 por 2,10 metros en el suelo. Sus teselas rara vez superan el centímetro cuadrado, y el taller reservó las verdes para la barba de Océano y las joyas de las dos nereidas. Son de variscita, probablemente de las minas de Palazuelo de las Cuevas, en Zamora, según el análisis que publicaron en 2015 Jaime Gutiérrez, Rodrigo Villalobos y Carlos Odriozola en la revista SPAL, de la Universidad de Sevilla. Una piedra traída de otra provincia para un solo color. El mosaísta romano convirtió el mar en ornamento para un baño tibio, rodeado de cenefas. Núñez le devuelve su escala. Immanuel Kant contó el océano sin límites entre los ejemplos de lo sublime dinámico, en el parágrafo 28 de la «Crítica del juicio», como la naturaleza que nos excede y nos obliga a medirnos con ella, y esa es la experiencia que buscan las 45 baldosas, cuyo borde es también mar, junto a otro mar que cabe en un marco.
«HIPERIÓN», «COSMOS» Y LOS VÍDEOS DE LA SALA TEMPORAL
«Terra ignota. Hiperión», la segunda obra creada para el museo, completa la conversación desde arriba. Ocho imágenes circulares instaladas en el lucernario muestran planetas en transformación sobre el tragaluz que ilumina los dos suelos. El nombre está bien elegido. En la «Teogonía» de Hesíodo, Hiperión es el titán padre de Helios, el Sol, de modo que el montaje reúne en una misma vertical al padre de la luz y al padre de las aguas, dos genealogías de la mitología griega que el visitante recorre con la vista sin moverse del sitio.
Las obras recientes de Marina Núñez en la sala temporal, en penumbra y con música compuesta por Luis de la Torre, llevan esa reflexión al cuerpo. «Mira fuera y dentro» (2026) proyecta dos ojos que se dilatan y se contraen, como un observatorio que mirase a la vez hacia el cielo y hacia la propia conciencia. «Sin piel» (2022) muestra en un minuto un rostro que se arruga y se deshace en miles de partículas que brotan de los ojos. Junto a las esferas de «Cosmos», estas piezas enseñan el hilo de toda la exposición: el ser humano aparece como una porción de la materia del cosmos, abierta e interdependiente, presentada con una serenidad que la obra temprana de la artista desconocía. Núñez presenta al mismo tiempo «Viaje al centro de la Tierra» en el MEIAC de Badajoz, comisariada por Isabel Durán.
PALENCIA, PREPARADA PARA EL ARTE CONTEMPORÁNEO DE CALIDAD
Palencia ha demostrado con «Terra ignota» que está preparada para el arte contemporáneo de calidad. Un museo arqueológico ha acogido dos obras nuevas, creadas para sus salas por una artista nacida en la ciudad, junto a la pieza capital de su colección, y el encuentro ha dado a ambas un sentido nuevo. Valladolid abrió el Museo Patio Herreriano en 2002 y León el MUSAC en 2005; Palencia cuenta con la Fundación Díaz-Caneja, donde Núñez ya expuso «Cuarta pared» en 2010, y necesita ahora un programa estable que convierta experiencias como esta en norma. Las buenas ideas no deben esperar a que haya presupuesto. Primero se diseña el plan, con criterio y calendario; la financiación se busca después, y llega antes cuando existe un proyecto que defender. Palencia merece un lugar sólido en el arte contemporáneo y un discurso propio dentro de sus lenguajes, y esta exposición, abierta hasta el 4 de abril de 2027, demuestra que tiene con qué construirlo.
